La filtración se describe a menudo como sostenible en términos generales. Vale la pena concretar, porque dos de los argumentos habituales se sostienen bien y uno no.
Envases y transporte: el argumento más sólido
El agua pesa, y trasladarla en botellas significa transportar ese peso por carretera. Tratarla en el punto de uso elimina a la vez el envase y el trayecto. En una oficina o un restaurante, la diferencia se mide en palés al mes, y esa es la versión del argumento que un comprador puede comprobar de verdad con sus propios albaranes de entrega.
Energía: real, pero solo si hay algo que ahorrar
Un sistema que funciona solo con la presión de la red no consume electricidad durante su funcionamiento. Es una reducción real frente a un sistema con bomba, y además elimina el modo de fallo que conlleva una bomba. No es una reducción frente a nada: la presión que utiliza la generó el bombeo de la propia empresa de suministro. La forma honesta del argumento es que el sistema no añade ninguna carga eléctrica propia.
Piezas y mantenimiento: el argumento discreto
Cada carcasa es una pieza que hay que fabricar, enviar, sellar y, con el tiempo, sustituir. Integrar las etapas en un único cuerpo de cartucho reduce las cuatro cifras. Es un efecto pequeño por unidad y real en todo un parque de equipos, y a diferencia de los otros dos, se refleja en un contrato de mantenimiento y no en un texto publicitario.
El argumento que no se debe usar
Que la filtración ahorra agua. La ósmosis inversa produce por diseño una corriente de concentrado: es así como sale la carga rechazada. Un sistema puede ser eficiente en cuanto a esa proporción, y es razonable pedírsela al fabricante, pero un proceso que no descartara nada se obstruiría. Quien afirme lo contrario está describiendo una máquina que no existe.



