Un sistema de purificación es una secuencia, y el orden importa más que cualquiera de sus etapas por separado. Cada etapa elimina lo que de otro modo dañaría o saturaría a la siguiente, y por eso una ficha técnica las enumera en orden y no como un simple conjunto.
Las etapas, en el orden en que actúan
- Sedimentos: arena, óxido y limo, que desgastarían y obstruirían todo lo que viene después.
- Carbón: el cloro y el sabor y el olor que lo acompañan. El cloro también degrada la membrana de OI, así que esta etapa protege a la siguiente.
- Membrana: la etapa de separación. Las sales disueltas, los metales y la mayor parte de las demás sustancias disueltas se quedan del lado de alimentación y salen como concentrado.
- Poscarbón: una etapa de acabado para el sabor, una vez que el agua ha pasado por todas las demás.
Cartuchos integrados y carcasas separadas
Los sistemas tradicionales colocan cada etapa en su propia carcasa, lo que supone varias carcasas bajo el fregadero, varios sellos que pueden fallar y varios cartuchos distintos que conseguir en cada mantenimiento. Integrar las etapas en un único cuerpo de cartucho reduce tanto el espacio ocupado como el número de piezas que una visita de servicio tiene que dejar bien. Es una decisión de diseño del conjunto, no de filtración: las etapas en sí son las mismas.
Lo que le dice una ficha técnica
Tres cifras concentran la mayor parte de la información. La producción diaria indica cuánta agua filtrada produce el sistema en veinticuatro horas de funcionamiento continuo, no lo rápido que se llena un vaso. La presión mínima de entrada indica la condición en la que esa cifra se cumple. Los límites del agua de alimentación indican para qué agua se diseñó el sistema: temperatura, dureza, turbidez y si puede alimentarse con algo distinto de un grifo de la red municipal.
La producción y la presión mínima publicadas varían según el modelo y figuran en la página de cada uno.



